Mi historia


Ya de pequeña era una niña empática y sensible, se me daba bien escuchar y quería ayudar a los demás, así que convertí esas cualidades en mi trabajo y me formé como Trabajadora Social. ​

Empecé en el ámbito de la salud mental y, aunque estaba entusiasmada por poder trabajar en lo que me había formado, pronto me di cuenta de que en la universidad no me habían dado herramientas prácticas para ejercer en el mundo profesional real.

Tampoco tardé mucho en ver que las instituciones asignaban a las Trabajadoras Sociales funciones muy burocráticas y asistencialistas que poco tenían que ver con lo que creía que era esta profesión. Me sentía frustrada, cansada y muchas veces me preguntaba si me habría equivocado y debería dedicarme a otra cosa.

A esto se unió una etapa en la que a nivel personal empecé a sentir un malestar profundo. Aunque aparentemente todo iba bien, las cosas simplemente no funcionaban en mi vida. En ese momento comencé a recibir apoyo terapéutico y poco después a formarme yo misma como terapeuta. Así, buscando maneras de poder sanarme y poder acompañar mejor a mis usuarios fui adquiriendo herramientas.

En ese proceso aprendí muchas cosas: me di cuenta de que apenas había tenido supervisión o un apoyo especializado en mis trabajos. Y las terapias que había recibido tenían un enfoque muy psicologizante, no abordaban determinados aspectos que tuve que superar de forma autodidacta.

También entendí la necesidad que tenemos como profesionales de recibir formación en temas como el manejo del estrés, técnicas de autocuidado y herramientas para lidiar con situaciones emocionalmente intensas.

Sin embargo, lo más sorprendente para mí fue que al hablar con otras compañeras me di cuenta de que lo que había experimentado no era inusual en el ámbito social, al contrario ¡pero era un tabú!

Cuando después me especialicé en trabajo social clínico y en diferentes modelos de psicoterapia, tuve claro que mi misión sería ayudar a otras compañeras, facilitando los recursos y el apoyo especializado que a mí me hubiera gustado recibir en el pasado.

AHORA PUEDO DECIR QUE AMO MI PROFESIÓN Y QUE TENGO UNA VIDA PERSONAL EQUILIBRADA Y PLENA

Y quiero lo mismo para tí.

Porque sé que es posible y porque sé que no te mereces menos.

Si estás lista para cuidar de ti como mereces, contacta conmigo para reservar una consulta